Es sinceridad, confianza, tener la oportunidad de ver la vida de un modo diferente. Es felicidad, una sonrisa casi permanente, es tener una razón por la que hacer las cosas bien. Es cuidar de cada palabra, cada movimiento, cada gesto hacia la otra persona, e intentar ser perfecto. Dibujar su nombre en el vaho que queda en el espejo después de una ducha, sentir de repente ansiedad por escuchar su voz, preocuparse si tarda un poco más de lo acordado, buscarle desde la ventana cuando se va. Mirar constantemente el móvil esperando una llamada, un mensaje, que demuestre que aún se acuerda de ti. Es pensar en el futuro y no poder imaginártelo si no es a su lado. Es mariposas en el estómago antes de verle, y fuego en cada beso. Es poder ser tú misma sin preocuparse por lo que piense, porque sabes que él te quiere tal y como eres. Es ganas de presumir delante de tus amigas, de dar hasta el más mínimo detalle de su perfección. Es convertir un silencio incómodo en un “te quiero”. Es oír su nombre en todas partes, y sonreír cada vez que te acuerdas de algo que te recuerda a él. Es discusiones, y es reconciliación. Es no acordarte de lo que has soñado, pero saber que has soñado con él porque te has despertado sonriendo. Es complicidad, amistad, compatibilidad, deseo. Es tener una persona al lado con la cual hacer niñerías, correr, tirarse al suelo, ir y volver. Es vigilar que cada día sea emocionante, alejar la rutina.
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