Sentada en esta silla veo cómo pasan las horas. Personas que cruzan las calles con un rumbo fijo y un destino marcado, y mientras yo estoy aquí, viéndolas pasar. Pensando en el momento en el que mi vida dejó de ser mía. El momento en el que no dependía de mi misma, pensando en cuándo me di por vencida y no saqué ánimos para seguir construyendo mi camino.
Intento olvidar esos días en los que no me atrevía a abrir los ojos y mirar la luz del día, lo intento, de verdad, pero no puedo. Me asaltan a mi como si estuvieran tatuados dentro de mi misma, de echo, forman parte de mi. No podré nunca olvidar el dolor que sentí por dentro. La sensación de que todo había acabado. De que no volvería a amar. Nunca. Y hoy, después de tanto tiempo, sigo recordando los momentos que viví contigo. Cada lagrima, y sobre todo, cada carcajada. Esas que un día te llevaste y no he vuelto a ver.
Deja que vuelva a ser feliz. Desaparece de mi vida de una vez. No puedo más con este recuerdo. Por favor, déjame ser yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario